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La vivienda como espacio para los cuidados

 

Además de ser un derecho, la vivienda es un espacio para los cuidados y debe considerarse así en la deliberación sobre los instrumentos de planeación urbana y la política pública de equipamientos, servicios  e infraestructuras de proximidad.

Los cuidados tienen cuatro dimensiones:

Son trabajo pagado o no, pero necesario para la reproducción de la vida. 
Son objeto de las políticas públicas. 
Son una conducta ética para relacionarse en la familia, en la comunidad y en la sociedad. 
Son un derecho que debe ser tutelado por el Estado. (Sales, T., 2015).

El concepto “Derecho a la Ciudad” tiene sesgos de género y estos influyen en el análisis de los fenómenos urbanos como son la movilidad y la modificación del hábitat. Por esta ceguera de género también se han dejado de lado los cuidados como actividades esenciales en las metrópolis, principalmente en las que concentran mayor población. Las aportaciones conceptuales del feminismo sobre los cuidados son recientes, no obstante, ayudaron a entender la pandemia COVID-19 como una emergencia de salud que deriva en la necesidad de replantear cómo hacer planeación urbana.

Desde la perspectiva feminista y de género, se ha analizado la vivienda no solo como un derecho, sino como un espacio relacional que se habita, en donde se cuida, en donde se reproducen la vida y las formas de socialización a través del aprendizaje. En el contexto de la pandemia, vimos que en la casa se combinan los trabajos remunerados y los no remunerados. 

Casa y “generización” de los cuidados

Sabemos que para cuidar de otras personas en una vivienda los arreglos familiares y comunitarios son fundamentales. ¿Con quiénes dejamos a las hijas o hijos? ¿Qué pasaría si ya no puedo pagar una renta elevada? ¿Podré marcharme de la ciudad con mi familia? ¿Quién cuidará de mis padres cuando envejezcan? ¿En dónde y cómo viviré cuando sea adulta mayor? ¿Qué trabajo me permite estar en casa más tiempo? Son preguntas que vinculan cuidados con vivienda.

Pero pocas veces nos detenemos a pensar que en estas preguntas están implícitas:

La aceptación social de que los cuidados son tareas desde lo afectivo y lo “femenino” y que “por mandato social” nos corresponden a las mujeres. Esto es lo que en la teoría se llama “orden de género” a partir del cual se estructuran roles y estereotipos.


La calidad de vida de las mujeres y de toda persona cuidadora y cuidada mejora a través del acceso a las infraestructuras, equipamientos y servicios en la ciudad y en sistemas políticos en donde el Estado asume su responsabilidad de tutelar derechos con eficiencia y amplia capacidad de generar consensos en la sociedad para lograr las tres “R” de los cuidados: Recursos, Redistribución de las tareas y Reconocimiento de estos como un trabajo.

Y en una perspectiva más amplia, vivienda, equipamientos, infraestructuras y servicios forman una trama urbana que posibilita una mejor distribución de las responsabilidades para cuidar entre los actores del llamado “Diamante de los Cuidados” compuesto por Estado, agentes privados, familias y comunidades. (Batthyány, K., 2020).

La vivienda no es solo un techo. Es un espacio “relacional” para los cuidados y es lugar que posibilita la vida, por tanto, debe ofrecer condiciones en su interior para la diversidad de sus ocupantes, como es el agua, la temperatura adecuada para la salud, los cuartos para la privacidad, las áreas de descanso, los servicios para la higiene, para la alimentación y, actualmente, en la pandemia, para trabajar y obtener ingresos.

Todo esto depende de la distribución de la vivienda en el territorio, el acceso a los equipamientos e infraestructuras funcionales para sus ocupantes, lo que a su vez implica proximidad, uso eficiente del tiempo de traslados, frecuencia y calidad de los servicios disponibles (por ejemplo, los que dan las alcaldías de la CDMX), seguridad patrimonial y estabilidad financiera para poder quedarse a vivir en un lugar de renta accesible.

En la Ciudad de México la distribución de las infraestructuras y equipamientos para los cuidados en la casa son desiguales, tanto como lo es la inequitativa distribución en los hogares de las cargas de trabajo entre mujeres y hombres. Dos terceras partes de las personas cuidadoras de bebés, niñas, niños, adolescentes, adultos mayores y personas con alguna discapacidad son mujeres. De estas, 33. 28 % cuidan a una solo población de las mencionadas: las y los niños de 0–6 años. 66.72% atiende a dos o mas poblaciones: infancias, adolescencias, personas adultas mayores y con discapacidad.

Entre alcaldías de la CDMX también hay disparidades en la feminización de las tareas de cuidado en la casa. Iztapalapa y Milpa Alta son las alcaldías en donde se presentan los porcentajes más altos de cuidados que recaen en las mujeres con 66.71 y 64.7 % de mujeres que cuidan a dos o más grupos poblacionales, respectivamente. En las alcaldías en donde se combinan factores como mayor grado escolar en las mujeres, mayores ingresos para ellas y más acceso a servicios e infraestructuras de cuidado, el reparto de dichas tareas es más equitativo entre los miembros de un hogar mayores de 11 años. (CEGS, 2022).

Faltan políticas públicas que re-configuren la asignación de género en las tareas de cuidados y que también re-configuren la distribución en el territorio de infraestructura, equipamientos y servicios que posibilitan los cuidados, los facilitan y los humanizan. Esta idea debe plasmarse en los instrumentos de planeación urbana de la Ciudad de México y su forma de ver a la vivienda. 

¿Quién cuida a las personas dependientes y con qué equipamientos, infraestructuras y servicios cercanos cuentan? ¿Qué perfiles tienen las personas cuidadoras para desarrollar una buena oferta de servicios? ¿Cuántos recursos en tiempo y dinero invierten en cuidar? Son preguntas que requieren respuestas desde lo que podemos ver y vivir en lo local, desde un barrio o colonia.

Faltan datos e indicadores para contestar estas preguntas, tales como el acceso en tiempo y la cobertura de servicios de cuidado por grupo poblacional, -incluyendo personas en situación de calle-; establecimientos que ofrecen servicios esenciales tanto públicos como privados y cómo ha cambiado su disponibilidad a partir de cancelar algunos programas y la reconfiguración de otros como son las “Escuelas de Tiempo Completo”, “Estancias Infantiles” y “Salud en Casa”.

Otro tema que falta por explorar es cuando la vivienda también es taller o el negocio familiar. La casa puede ser el espacio en donde se desarrollan actividades productivas para el complemento del ingreso en el hogar. El Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE 2020) ha registrado las unidades productivas, pero hay que indagar particularmente el segmento de 0–5 personas que trabajan en cada unidad porque es la cantidad de miembros que normalmente atienden un negocio pequeño y familiar. Esto ayudará a diseñar la vivienda con una perspectiva más amplia. 


En la Ciudad de México, los mejores equipamientos para las viviendas se concentran en las alcaldías Benito Juárez, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Coyoacán, en donde reside la población de mas altos ingresos. La ciudad “compacta, densa y bien conectada” es posible ahí pero no en otras alcaldías. Sobre las disparidades en calidad de vida y acceso a servicios en la vivienda ponemos estos ejemplos: El INEGI en el 2020 reportó que 39 de cada 100 casas se han construido con materiales deficientes en pisos. 44 de cada 100 personas no estaban satisfechas con el servicio de agua, 15 de cada 100 con su calidad y 77 de cada 100 rechazaron su potabilidad.  9 de cada 10 casas son ocupadas por hogares con 2 o mas personas. 53% corresponden a hogares nucleares y 37% a hogares ampliados.

 La CEPAL estima que en México hay 13.5% de hogares sin agua en zonas urbanizadas. Esto sube a un 25.4% en asentamientos urbanos irregulares (hogares cuya vivienda es precaria en barrancas, márgenes de ríos, zonas en donde el costo de llevar infraestructura de drenaje se incrementa). Cabe mencionar que las mujeres dedican 5 y 12 horas semanales adicionales a los cuidados cuando no hay agua entubada en la vivienda. De igual forma, los desalojos por falta de pagos de renta se incrementaron en un 35% por la pandemia. Esto implica más personas viviendo en la calle o en otras casas que les dan cobijo de manera emergente.

En cuanto a la salud, en México el valor monetario de los cuidados brindados en el hogar equivale al 85.5% del valor de los servicios hospitalarios y las mujeres aportamos con nuestro trabajo un 72.2% de ese valor monetario. La atención de salud se trasladó a los hogares, a falta de servicios públicos eficientes para la atención primaria, aumentando la presión sobre el tiempo de cuidados dentro de las casas, en particular en el caso de las mujeres en edad productiva. (CEPAL, 2020).

Ante la desocupación formal del empleo, -que ha sido más alta para las mujeres-, la vivienda se convierte en un espacio para generar ingresos. No solo es el espacio para vivir, es también el lugar donde se gana la vida. Se adaptan las habitaciones para integrar las actividades domésticas y las actividades remuneradas para desarrollar microempresas familiares. Ahí, el espacio, el tiempo y el dinero son recursos que se combinan, pueden flexibilizarse y se utilizan medios tecnológicos para el teletrabajo y las redes sociales para el mercadeo. Estos procesos reflejan cambios económicos, sociales y en la vida familiar que están acompañados de más horas de trabajo para las mujeres, tensiones en los arreglos familiares y, en algunos casos, violencia. La casa no siempre es un refugio.

En la vivienda los arreglos familiares para el cuidado se materializan. Es el lugar de la socialización, desde donde se establecen redes con otras familias, la comunidad y se comparte el espacio con otras viviendas. La vivienda no es solo para refugiarse de las inclemencias, cubrir una necesidad básica o simplemente alojarse en ella. Implica también habitar el espacio doméstico y habitar un entorno. El espacio de la vivienda se distribuye, hay espacios íntimos y espacios de uso común, espacios con distintos significados que construyen identidades individuales e identidad por grupo de edad. Con el acceso tecnológico, en algunos hogares, la vivienda también es espacio de trabajo y estudio a distancia en donde se abre una ventana desde la cual otros nos observan. El uso de Zoom y otras plataformas digitales le restaron intimidad a nuestras vidas en casa.

Tareas a futuro

Aunque hay un avance importante en la Ciudad de México al establecer los cuidados como un derecho constitucional, he propuesto en mi práctica profesional politizar su discusión y llevarla al campo de la definición de los instrumentos de planeación urbana y de las políticas locales en alcaldías. Las líneas generales para el estudio de la vivienda como un espacio para los cuidados, paralelamente conduce a cuestionar el modelo de zonificación de usos de suelo en el cual los equipamientos, servicios e infraestructuras de cuidados cercanos a las viviendas no se consideran relevantes. En este punto, solo queda esperar a que descongelen la consulta para el Programa General de Desarrollo para la Ciudad de México y seguir filtrando en la agenda de los cuidados a la vivienda, ya que esta se ve como tema aparte de todo, como una isla a la que hay que llegar a través de la incidencia política en el Congreso de la Ciudad de México.

Retomo las tres “R” de los cuidados: Redistribución, Reconocimiento y Recursos, para plantear que la vivienda tendría que abordarse de la siguiente forma en los instrumentos de planeación urbana y en las políticas locales de las alcaldías:

Desde el acceso de los servicios y equipamientos que posibiliten los cuidados cerca de las viviendas. En este punto, no hay un criterio único para saber cuántos y cuáles servicios. Eso dependerá de las particularidades de la población y el territorio por cada alcaldía, desde el ejercicio de ver los datos con otra perspectiva. Los instrumentos de planeación tendrían que contemplar que los cuidados generan bienestar y desarrollo económico en la ciudad y, por tanto, requieren intervención pública desde lo local y conocimiento del territorio. El Estado debe ser un proveedor de servicios e infraestructuras desarrollando alianzas estratégicas con los actores privados para una mejor cobertura y distribución en cada alcaldía y entre ellas, en la Ciudad de México.

Desde la dimensión relacional y ética de los cuidados en las viviendas. Esta se debe estudiar con más detalle a través de métodos cualitativos, ya que algunos aspectos como la ocupación de las casas para las microempresas y el teletrabajo y los arreglos o tensiones entre sus ocupantes no son visibles en las estadísticas. El conocimiento de la dimensión relacional sirve para diseñar políticas que cambien la asignación social de género y la feminización de la pobreza.

Desde la proximidad de los servicios y equipamientos para el cuidado junto con la calidad de los medios de transporte e infraestructuras de movilidad al interior de los barrios o colonias y su interconexión con el transporte de gran capacidad. (Soto, P., 2019). La ciudad de 15 minutos no es un modelo exclusivo para París, podría ser para cada alcaldía de nuestra CDMX y de los municipios conurbados.

Conclusiones

La ciudad en general, y la de México de manera particular, se ha planificado desde un sesgo de género y por ende se ha omitido el análisis de las desigualdades entre mujeres y hombres en la ocupación del territorio, la forma de habitar y analizar la vivienda como derecho y como espacio de la reproducción de la vida y la producción material.

Los aportes de la perspectiva feminista y de género han otorgado relevancia a los cuidados y, a partir de la pandemia, han resaltado que se vive una crisis que duplica los tiempos de trabajo no pago, de cuidados y doméstico que acentúan las desigualdades de género.

La vivienda en este contexto crítico debe concebirse como espacio de cuidados en la formulación de políticas locales y en los instrumentos de planeación urbana, principalmente los que establecen la zonificación por usos de suelo a partir de los cuales se distribuyen los servicios, equipamientos e infraestructuras.

Los gobiernos locales en las alcaldías, que tienen más cercanía con las necesidades de las poblaciones que habitan el territorio, deben contar con información sobre la calidad, la oferta y la proximidad de los servicios y equipamientos para los cuidados en función de las condiciones en las que se encuentra el acceso a la vivienda como derecho y a las formas en las que se habitan, teniendo en cuenta los aspectos relacionales de los cuidados, ya que no bastan las estadísticas.

La vivienda como espacio para la reproducción de la vida es un punto de partida para planificar el desarrollo urbano de tal forma que el Estado asuma su responsabilidad en la dotación de recursos para garantizar el derecho al cuidado. Las alcaldías no solo deben contemplar generar mas servicios como las estancias infantiles. Deben contar con conocimiento del comportamiento demográfico en su demarcación, detectar los grupos en vulnerabilidad (bajo el contexto de la pandemia) y de los perfiles de quienes cuidan y son cuidados en las viviendas, así como las características de estas en el acceso a servicios y a las distancias que se deben recorrer para acceder a estos. De esta forma podrán determinar quiénes necesitan más recursos para los cuidados, qué oferta se requiere potenciar y a qué distancia deben estar, principalmente para quienes viven en mayor vulnerabilidad.

No hay una receta universal para cambiar la asignación social de los cuidados a las mujeres. Por ello es necesario empezar por conocer la dimensión ética y relacional de estos para diseñar políticas públicas que permitan una distribución mas justa de las tareas entre mujeres, hombres y en distintas etapas de sus ciclos de vida.

Bibliografía que usé y recomiendo

Araujo, M.C. (Noviembre 2020). [Blog del Banco Interamericano de Desarrollo]. Colaboración, cooperación, innovación para detener la violencia basada en el género. https:// blogs.iadb.org/igualdad/es/la-respuesta-no-debe-esperar/

Batthyány, K., (2020). Introducción. Miradas latinoamericanas a los cuidados en Karina Batthyány (coord.), Miradas latinoamericanas a los cuidados (1a. ed., p.p. 11–51). Editorial Siglo XXI México.

Campana, J. (2020). Los cuidados como nudo crítico de las desigualdades urbanas. Un análisis desde la Ciudad de Buenos Aires. Revista del Departamento de Geografía de la Universidad Nacional de Córdoba, Facultad de Filosofía y Humanidades, año 8, número 14, 82–107. http://revistas.unc.edu.ar/index.php/cardi/index

Canal PUEC-UNAM. (14 de junio del 2021). Programa Parcial de Desarrollo Urbano de Vallejo. Conferencia de Daniel Pérez Torres. [Archivo de video]. https://youtu.be/HlhumSGI8Po

Carta por el Derecho de las Mujeres a la Ciudad (2004). [Archivo PDF]. Revista Paz y Conflictos, año 2012, número 5, 197–218. https://www.ugr.es/~revpaz/documentacion/rpc_n5_2012_doc2.pdf

CGES. (2021). Women´s Economic Empowerment and Care Systems. Centro Global de Excelencia en Estadísticas de Género, “Empoderamiento económico de las mujeres y sistemas de atención: un marco de conocimiento geoespacial. ”, ONU, consultado el 26 de marzo de 2022, http://www.cegsunwomenrepository.com/items/show/59 .

CEPAL. (Abril 2020). Re: Informes COVID-19. La pandemia COVID-19 profundiza la crisis de cuidados en América Latina y El Caribe. https://www.cepal.org/es/publicaciones/45335-la-pandemia-covid-19-profundiza-la-crisis-cuidados-america-latina-caribe

Consejo de Evaluación del Desarrollo Social de la Ciudad de México. (2020). Ciudad de México. Un diagnóstico de la desigualdad socio territorial. Gobierno de la Ciudad de México.

INEGI (2020). Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas. Editorial INEGI. https://www.inegi.org.mx/app/mapa/denue/default.aspx

López, J. (20 de septiembre del 2021). Reactivará UNACDMX 192 estancias infantiles. Excélsior. https://www.excelsior.com.mx/comunidad/reactivara-unacdmx-192-estancias-infantiles/1472538

ONU-Hábitat (Abril 2019). Re: La vivienda en el centro de los ODS en México. https://onuhabitat.org.mx/index.php/la-vivienda-en-el-centro-de-los-ods-en-mexico

ONU-Hábitat. (17 de junio del 2021) Re: Mujeres y vivienda adecuada. https://onuhabitat.org.mx/index.php/mujeres-y-vivienda-adecuada.

Pérez, L. (CEPAL). (2016). ¿Quién cuida en la ciudad? Oportunidades y propuestas en la Ciudad de México. (Serie Asuntos de Género, número 216).
Sales, T. (2015). Cuidados, poder y ciudadanía. Revista Las Torres de Lucca, número 6, 7–45.

Salles, V. , López, M.P. (2008). Viviendas pobres en México: un estudio desde la óptica de Género en Edir Samer (Ed.), Retos para la integración social de los pobres América Latina (1a. ed., p.p. 311–350). Editorial CLACSO Buenos Aires.

Solórzano, A. (1998). Memoria de Azcapotzalco. Relatos y recuerdos. Delegación Azcapotzalco, Ciudad de México.

Soto, P. (2019). Análisis de la movilidad, accesibilidad y seguridad de las mujeres en tres Centros de Transferencia Modal (CETRAM) de la Ciudad de México en Amado Crotte y Laureen Montes (Ed.), Banco Interamericano de Desarrollo, División de Transporte, Nota Técnica número IDB-TN-1780.

  • Agradezco la colaboración de María Teresa Ayala Cerritos con quien comenté y fui perfilando la idea central de lo que escribí aquí durante el Seminario del PUEC UNAM sobre los cuidados, 2021.
  • Fotos: Carmen Contreras. @Utopia_Urbana en X y en IG.

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